La arquitectura industrial en un inventario de obras

Martes 13 de Julio de 2004

La aportación de la arquitectura a la industria es el tema central de la nueva publicación auspiciada por el Docomomo Ibérico, una entidad formada por profesionales del sector que se centran en la protección y la difusión del Movimiento Moderno. Los arquitectos Celestino García Braña, Susana Landrove y Ana Tostoes han documentado 160 obras significativas de España y Portugal en La arquitectura de la industria , un volumen de 324 páginas -85 dedicadas a ensayos y 210 de ilustraciones- que pretende analizar el papel de la industria en el desarrollo del Movimiento Moderno. Cinco de estas obras se hallan en Galicia y otras tres fueron diseñadas por un arquitecto gallego, Alejandro de la Sota.

Una de las aportaciones más significativas de los proyectos industriales fue el ensayo de nuevos materiales y su aplicación en arquitectura. Además, la búsqueda de la eficacia constructiva permitió el desarrollo de una nueva arquitectura, en la que los condicionantes simbólicos pasaron a un segundo plano, según recogen los autores del estudio. Las 160 obras fueron seleccionadas entre más de 300 entradas iniciales.

El propósito de este trabajo también es el de llamar la atención sobre una arquitectura poco conocida y, en muchos casos, escasamente valorada. Por tanto, el volumen propone miradas desde varios puntos de vista: la relación entre la arquitectura industrial y su entorno, así como los grandes complejos industriales y la construcción de servicios y poblados para trabajadores. La tipología de edificios es amplia: presas, fábricas, minas, talleres, mataderos, laboratorios, naves, almacenes, hangares e imprentas, entre otros, forman parte de este legado que ahora está documentado, imprescindible para su valoración.

Ejemplos gallegos:

LA PANIFICADORA. Vigo, 1924-1930. Manuel Gómez Román, arquitecto, y Otto Werner, ingeniero. El edificio tiene una presencia dominante en el paisaje de la ciudad y se ha intentado su derribo varias veces. Sus silos son un raro ejemplo de esta construcción en toda la Península.

FÁBRICA DE LA CROSS. Pontevedra, 1954. Ingeniería Proquiber. El edificio de mayor interés es el espacio de almacenamiento. Su estructura de hormigón organiza espacialmente el conjunto. Destaca la cubierta curva de la nave central de arcos triarticulados.

FÁBRICA Y OFICINAS DE COCA COLA. A Coruña, 1960. Andrés Fernández-Albalat y Antonio Tenreiro, arquitectos. El edificio se concibe como una envoltura de vidrio y carpintería metálica que se asienta en un espacio ajardinado, con volúmenes sencundarios.

SUBESTACIÓN DEL EMBALSE DE BELESAR. 1959-1963. Juan Castañón de Mena, arquitecto. L. Yordi, ingeniero. Pieza notable de ingeniería y arquitectura. Su ubicación es fascinante: cuando el pantano está lleno parece flotar sobre las aguas y revela su condición de transparente.

GRANJA GANADERA. Paderne de Allariz, 1965. Alex Reilein y Javier Suances, arquitectos. El edificio se ha adaptado a su terreno y se fragmenta en tres cuerpos en función de la actividad. Se utilizan muros de piedra y bloques de fibrocemento, material de la cubierta.

La Voz de Galicia 13.07.04

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